
‹‹Ojalá estando ya muerto me cubra la tierra
antes que oiga tus gritos y contemple que a rastras te llevan››.
Así dijo y al niño tendió los brazos el noble Héctor,
más se dio el chiquillo la vuelta contra el seno del aya de cintura tan bella,
gritando asustado ante el aspecto del padre,
pues lo aterraban el bronce y el penacho de crin de caballo,
que terrible en la cimera del casco veía agitarse.
Llevo mucho tiempo sin escribir y tengo un buen motivo. Soy feliz. El otro día me preguntaron si ya nunca escribía, si había abandonado el blog, y me escuché a mi misma diciendo ‹‹Ahora me apetece preparar pasteles, leer poesía y novela del XIX, regar las flores, pasear... Estoy viviendo un momento muy feliz ›› Y es cierto, tenía razón. Yo no soy una escritora de raza, soy más bien perezosa, y la escritura llega en momentos de duda, de cambio. Escribo para preguntarme cosas, para plantearme dudas que son necesarias. Pero quizás ahora ha llegado el momento de escribir de nuevo, de otro modo tal vez, de un modo más directo. Escribir sobre cosas que me interesen, sobre lo que estoy leyendo o escuchando. ¿Qué os parece? Escribir para defender nuestra cultura helénica, defender el orgullo de la Europa del Sur. Escribir para reivindicar el altar de Pérgamo, y la Odisea, y la Ménade de Dresde. Y también nuestra picaresca, nuestro Lazarillo, las Novelas Ejemplares y La Regenta. Escribir para compartir todo y para defender la ética de Héctor, la valentía de Andrómaca y el futuro de su hijo Astianacte.
«Mujer, también a mí todo esto me inquieta, pero espantosa
vergüenza me dan los troyanos y troyanas de largos vestidos,
si me vieran, como cobarde, huir del combate.››






