
But the film is a saddening bore
For she's lived it ten times or more.
Is there life on Mars?
Traje mi vida hasta aquí y anduve un largo rato caminando bajo el cielo llano, con los pies sobre la fresca hierba, húmeda, rodeada de mil flores y pétalos mezclados con el aire, y el sol brillaba alto y yo llevaba un bonito sombrero claro con un lazo alrededor, un lazo pintado con colores. Al rato encontré un árbol alto, enorme, que me hizo sentir tan diminuta e insignificante que por fin descansé y abandoné mis absurdos rompecabezas, y corrí alrededor de mi árbol y grité su nombre mil veces exactamente. ¡Árbol!. Él me aceptaba y me cubría, me abrazaba con su fuerte tronco y me mecía con sus ramas. Jugué con él hasta caer agotada sobre sus raíces que me acogieron también con gran estima, me quitaron el sombrero y me acariciaron el pelo con gran ternura, una ternura infinita. Fue entonces cuando del corazón robusto de mi árbol se abrió una puerta diminuta, o quizás una ventana, y brillando como lo harían todos los soles del mundo juntos, se iluminó una caja hecha con la misma madera oscura del árbol y con una inscripción en la cubierta donde se leía boîte à Lara. Acepté el regalo con gran emoción y tuve la caja entre mis manos un rato, observándola incrédula, leyendo una vez tras otra mi nombre, boîte à Lara; lo que fuera que escondiera la caja de madera me pertenecía, era para mi. La abrí animada por el árbol y encontré toda una vida fragmentada, olí el olor a mar seco en mis brazos después de largos días de playa, sentí de nuevo las caricias de mi abuela, los veranos cuando era niña en forma de postales amarillentas, el silencio del viento en Francia, la música del fuego en la chimenea, el mar, las hojas, mis primeros zapatos rojos, las flores que me regalaste, el monasterio de Sant Pere de Rodes como una visión desde el mar, mis libritos de poemas, nuestros primeros besos con sabor a vino, una caja de música y un soldadito de plomo, libros y papeles en blanco, la frontera con el mundo, la mermelada de arándanos, la mecedora de mimbre y los capazos llenos de flores, comida y porto. Las risas de mi hermana, los ojos chiquitines de mi abuelo, las cosquillas de mi madre cuando me secaba con el albornoz, las golondrinas que se posaban sobre mi ventana y todas las ventanas de mi vida, las que daban al mar, al cielo y a la montaña. Las sábanas blancas y frías de Portugal, las acuarelas diluidas con mucha agua, los trenes que recorrían el mundo de noche. Finalmente cerré la caja feliz, propietaria de todo aquello que se acumulaba ahora en mi memoria, y le ofrecí de nuevo mi caja al árbol que la aceptó y escondió entre sus raíces. Eché a correr contra el viento, sin mirar atrás, preguntándome si acaso había vida en Marte y descubriendo que todo eso lo pensaba desde la otra parte del mundo, la de los párpados cerrados.

1 comentarios:
Mai acabaras de sorprèndrem. T'estimo, mama.
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