
Cuando cae la noche nuestra ciudad se llena de ventanas iluminadas. En éstas hay familias preparando la cena, personajes anónimos dándose baños calientes o escuchando un buen disco desde el calor del sofá. A esa hora suelo estar yo en el autobús, agarrada a mi bolsa como a la almohada con los ojos dulces de cansancio, llenos de luces de ventanas que se multiplican y parecen los faros de una carretera solitaria. Es entonces cuando pienso en la nuestra, a media luz todavía, tan lejos, contigo dentro tomando un poco de vino mientras me esperas, revisando acaso el último párrafo de ese cuento que tanta guerra nos ha dado. Imagino quizás que el ascensor me esperará en el rellano -cuanto me gusta-, subiré hasta nuestro piso y al entrar silbaré como es costumbre, anticipando así cual es mi estado de ánimo con un silbido corto y cantarín de gorrión o uno largo y grave de albatros. Al avanzar por el pasillo intuiré tu silueta tras el umbral de la puerta, arropado en el sillón frente a la ventana, quizás escuchando al bueno de Miles. Traigo pan, y nos daremos un beso fresco, como el de todos los días, que a fuerza de darlo se convierte en símbolo, en calidez, en hogar. Podría decirse que parte de nuestro hogar está en ese beso, en el pan que uno lleva en la mano al darlo, en los cacharros de la cocina por secar, en mi delantal rojo. Nos iremos contando nuestros respectivos días mientras uno moja el pan con tomate y otro pone la mesa y sirve el vino en las copas. Al final, frente a la cena, nos reconocemos cada cual sentado a su lado de la mesa, con sus costumbres y sus sonrisas. Cenaremos despacio, tomaremos la uva y yo fumaré un pitillo en silencio, matizando esos temores que se le pegan a una en el cuerpo. Más tarde, ya en el sofá, nos cubriremos con mantas y cojines y jugaremos como niños, el sofá es un barco a la deriva y nuestras provisiones son los libros, avanzamos viento a favor mientras la noche cada vez es más oscura y el despertar más próximo. Y así, ante nuestra feliz rutina de pasos acompasados y sabanas revueltas, nos acostaremos los dos en la misma cama, cada cual con su almohada, entregados siempre a un tierno y cómodo abrazo.

3 comentarios:
Hola Lara,
encantada doncs! Si veus que no et queda prou clar amb el que ja explico, no dubtis en preguntar el que vulguis. jo abans de venir també tenia molts dubtes...!
les assignatures, en principi les has de triar abans de venir, perquè a Barcelona la coordinadora t'ha d'aprovar el programa i has de matricular una quantitat de crèdits, però després pots canviar el que hagis triat tants cops com vulguis sense cap problema!
fins aviat, una abraçada!
Molt bo i molt bé això que escrius amiga... una delicia de la vida quotidiana i a la vegada exquisida, doncs avui que se'n perdut molt les formes i moltes vegades les ganes de viure plenament aquests moments, molta, moltíssima gent, no llegeix contes al capvespre amb una copa de vi, ni s'adona d'aquest deliciós petó amb la barra de pa que es porta a la mà quan un el dona... la gent veu la puta tele i menja porcions de pizza acompanyades per un trist cartró per plat... ah !! i mes que Miles Davis, el personal veu culebrots, safreig i eurovisión...
Som una "rara avis" que encara, encara palpitem amb Miles, copes de vi, contes i aquest deliciosos moments.
Penso que ens a tocat la loteria el pogué apreciar, viure i reviure aquest deliciosos, continuats i perfectament relligats instants.
Un petó i segueix escrivint aquestes delicioses reflexions estimada Senyoreta Oliveau.
Abraçadotes,
ramon
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