2 de enero de 2010



De pronto recordaba esos viajes en tren, con cristales limpios y paisajes verdes, naranjas, llenos de árboles, y casas de la campiña con aquella magia que tienen las cosas antiguas. Ya sean casas o trenes, lo antiguo tiene un qué sé yo. Y de los viajes pasábamos a las películas, ¡oh!, recuerdas esa escena, era mágica. Y qué tendrá la magia que todos creemos en ella, nos hace soñar y cuando llega un año más la buscamos bajo la cama, tras los cristales. A ver donde se metió la ilusión. Aquí, la encontré, y luego tarareamos a Nina Simone. El viento que soplaba fuerte, los libros formando columnas de aire sobre el sofá -como tornados de palabras-, el color del primer día del año. Con todo volvía y revolvía de aquí para allá, con esas imágenes revoloteando por la casa, y buscaba una que pudiera definir lo libre y contenta que me sentía. Era un recuerdo antiguo, quizás inventado, lleno de lluvia y música de fondo; la fiesta quizás era de algún amigo de la familia y yo era pequeña. Me alejaba del gentío y al ritmo de la música daba vueltas sobre mí misma, con los brazos abiertos de par en par, abrazando la noche, la luna, las notas y los pájaros que a aquellas horas ya dormían. Cierro los ojos, inclino la cabeza y casi puedo sentir como la lluvia moja mi cara desde el sofá de casa. 




2 comentarios:

Clôe dijo...

bon any petita!

baobab dijo...

bon any estimada Lara...