
Ahora me pregunto si merezco esta tranquilidad de cielo azul en la cama y sábanas blanquísimas, revueltas, interminables. Me pregunto si la mirada perdida en nubes que parecen dioses puede durar mucho o un día terminará y yo caeré al suelo, caeré mucho y el impacto será brutal.
Desayunamos con una luz espléndida entrando por las ventanas y mientras espero que la leche esté caliente miro afuera, a las otras casas, a otros cielos y otros dioses que desayunan en bata igual que yo. Las manos en alto, alzadas, con los puños apretados y al final un ay, qué pereza. Las galletas que se mojan y alguna siempre se parte y se hunde, plof. Galleta hundida, galleta perdida. A veces recupero alguna. Y mientras tanto pienso en cosas agradables como los perros de la señora Von Arnim, todos los perros de su vida, y sus anécdotas con niños, nieve y montañas suizas. Viajo hasta allí y en la segunda galleta estoy en Suiza. En la tercera pienso ya en mi abuela, que pronto estará mucho mejor y verá sus rosas crecer en el jardín. Este Abril será un mes bonito, mis abuelos tomarán el sol y estarán más contentos y me encantará ir de visita con sus canciones y sus paseos por la playa.
Termino al fin de desayunar y me echo a leer contigo, el sofá es grande y pequeño a la vez. Leemos y luego proyectamos para este verano una mesita de madera en la galería, qué fresquitos vamos a estar. Y ahora escribo en mi estudio, con fotos en el corcho y una ventana llena de luz. Me acompañan Delibes y su mujer Ángela, con la que por fin se habrá reunido, Dalí y Gala, la Venus de Medici de los Uffizi, los vasos canopos egipcios con cabezas de animales y mi família vestida de circo ambulante. Payasos, Arlequines, Bailarinas y Lanzadoras de cuchillos. Así somos nosotros y así los recuerdo.
Respiro tranquila y casi me fundo, tan plácido es el día, tan alegres mis horas. Me pregunto al fin si merezco esta tranquilidad de cielo azul, sábanas blancas y mesitas de madera frente a la ventana.

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