7 de marzo de 2010


Son esas cosas que ocurren así, casi sin darse cuenta. Y cuando pasan uno está contento y cambia sus rutinas, y de repente hace un sol radiante y uno puede quedarse en mangas de camisa, arrastrando el abrigo bajo el brazo. Uno se siente libre, digo, y abandona el aula para darse un paseo y ver los árboles, que hoy están más verdes, y pensar que para mirar al cielo necesitaría unas gafas de sol y no las tiene. Pienso que me gustaría tener unas gafas de sol pero luego me veo rara con ellas y no me las pongo, y las escondo en un cajón.

Después entro en la librería y recorro sus pasillos, me gustan muchos libros, hay algunos que hojeo desde hace tiempo y otros que nunca había visto. Al final no compro ninguno, no me apetece comprar ahora, además tengo a Gertrude Stein en el bolso, ahí bien metidita. Pienso luego que hoy era un buen día para comprar un libro porque estamos a principio de mes y todavía hay dinero, luego ya no habrá o habrá menos.

Decido al final sentarme a tomar algo en d’Annunzio, uno de mis cafés favoritos. Me siento al sol y me recojo el pelo. He elegido una mesita desde donde controlo la situación y a la vez estoy tranquila, perfecto. Llamo al muchacho con la mirada y le pregunto si tienen un buen queso, -Sí, claro. Manchego de Burgos. Le pido que traiga una tapita y una copa de vino blanco helado. Cierro los ojos, el sol pega fuerte, bebo un sorbo de vino y según escribo estas líneas me digo, pronto llega la primavera. Y qué rico está el queso. Luego pienso que el café es un buen lugar para mí, porque me siento rodeada de personas, y me intereso por sus caras y por como van vestidas. Me gusta mirar la ropa que lleva la gente, sus zapatos relucientes y sus peinados. A veces me pregunto por qué se peinaran así o asá, si lo hicieran de otro modo su rostro parecería más bonito. Me siento tentada de decírselo pero al final no, claro. La gente es rara y a veces fría, y no encajarían bien un comentario de este tipo. Me dirían, y a ti que más te da. Ahora me ha mirado un hombre que pasaba por la acera de enfrente, y yo me pregunto si para bien o para mal. Quizás estoy roja como un pimiento con tanto sol, y mi cara da risa, tan concentrada en mi escritura y comiendo queso. Quizás habrá pensado que le apetece comer queso, y es que hay que ver que rico está. Y el vino, que fresquito. Creo que me ha subido un poco a la cabeza, quizás por eso me miraba el hombre. O quizás le he parecido guapa, a saber.

Huy, ya es muy tarde y tengo que ir a trabajar. Que lástima, si no fuera así creo que podría escribir más papeles como estos. La cuenta por favor, riquísimo el queso, y el vino, ¿ha visto usted? Pronto llega la primavera. Sí señorita, así, casi sin darnos cuenta.