5 de mayo de 2010


"Lo probaría a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir, con la boca"

Lamenté no haber salido a pasear cuando tanto lo necesitábamos. Estar lejos y no pensar el uno en el otro. Cada cual tenía que pensar en si mismo y ver que podía hacer con su vida, pero poníamos un disco de be-bop y nos quedábamos aplacados en el sofá, sin saber por donde seguir el camino, sin saber nada, tan poco de la vida, tan jóvenes y tan inexpertos. Cada cual con sus temores y sus deseos de ser mejor para el otro, de no enfadarse, de no reñir, de trabajar mucho y bien, de escribir por todas partes, de publicar y ser reconocidos. De ser inteligentes y buenas personas, ser guapos y jóvenes y sabios. No tener temores ni desconfianzas y estar juntos siempre como esas parejas a las que admirábamos en silencio sin decirlo si quiera. Pero yo me rompía de repente y tu te rompías también, cada cual a su manera. Y corrían todas las lágrimas del mundo, podíamos llenar mares, nos apartábamos y nos abrazábamos. Alcanzábamos llegar a un acuerdo, vamos a preparar la cena. Y después vuelta a empezar. Pero no siempre era así, eso era a veces, y siempre nos queríamos tanto y lo intentábamos de veras. Pero teníamos dudas razonables, las propias, las naturales. Pero no las aceptábamos, nos malinterpretábamos y volvíamos a llenar mares de miradas silenciosas que se clavan como agujas y pasábamos tiempo así, tan distantes y ocupados en un abrazo partido.

Lamenté no haber salido a pasear, no haber cogido mi paraguas negro porque esa noche llovía a mares, no haberme pintado los ojos y recogido el pelo en un pañuelo. Debería haber salido de la casa con un librito y haberme refugiado en algún café para leer y esperar que eligiera la vida, que me partiera un rayo o que saliera el sol. Esperar el tiempo, que todo lo pone en su lugar. Y no seguir flotando en esa marea baja de suspiros y gritos y susurros. Pero no podía, te echaba de menos si me acercaba a la puerta y pensaba en tantos momentos que no serían sin ti. Al final sí me acercaba a la puerta para cerrarla con vueltas, me ponía el pijama y esperaba a que todo se calmara. Me basta así, me decía, si tuviera que elegir de nuevo querría repetirte y repetirte.



1 comentarios:

baobab dijo...

desgarrada y pasional reflexión para una primavera tormentosa, al fin sale el sol !!
un petonàs !!