
Ella les observaba con la boca apretada, como quien mira por un agujero chiquitín y no espera ver nada. A veces se sentía así, viendo cosas pasar a cámara lenta, y ella quieta, inmóvil, viendo como todo se alejaba y no podía hacer nada. Sí podía pero no quería hacerlo, oía sus risas de pájaro o delfines, miraba como bebían de sus copas alegres y despreocupados y parecía tan integrada que incluso ella olvidaba por unos instantes que no estaba allí, que no era ella sino otra, su sombra tal vez. Una sombra clarísima que no dudaba en sonreír y tocarse el pelo con gracia y delicadeza. Se acariciaba las manos y de repente recordaba como las unió aquel día sentada en un banco de la capilla del pueblo. No entendía si ella estaba aquí o allá, en el banco de madera. Si era ella o aquella niña que esperaba que las puertas se abrieran de par en par y entrara la luz, los colores, los días llenos de promesas y canciones. Quería que la esperaran y la tomaran de la mano, sígueme, ven, no temas, el camino es por aquí. Las copas tocaron las unas contra las otras y sonó el cristal, cada cual sorbió lo que le quedaba en la copa y todo volvió a comenzar.

1 comentarios:
Et veig llençada al buït, escrivint de records, de noietes que creixent i es fan grans, tornant enrere visual i deliciosament... a la fí s'aixuguen les copes amb l'última aixecada de vidre... la vida sigue y continúa y todo vuelve a empezar...
un petonàs amiga Lara !!!!
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