26 de febrero de 2011


Escribes sentado a la mesa bajita del comedor, a ras de suelo. Me resulta gracioso verte así, con tus largas piernas que casi llegan hasta mí, pareces un trapezoide, un pentágono, una compleja figura geométrica. Enfrente, la ventana, con un cielo gris y lluvioso, pero hoy no importa, porque leemos y escribimos y luego saldremos a pasear. Y que más da la lluvia y que no se cuele un mísero rayito de sol. Esta mañana cantábamos un rayo de sol oh oh oh y parece imposible que el cielo se abra de repente ¡tachán! y nos muestre lo que hay detrás de tanta nube espesa y cuajada. Parece absurdo que el clima nos pueda cambiar tanto, alguien me contó que existe una patología climática que vuelve locos a algunos. Todavía no he llegado a ese extremo, y además espero la primavera, y con ella las flores y los paseos por el campo, y la visita a Versailles y un montón de cosas que uno puede hacer cuando hace sol. Como pasear en bicicleta, hacer un pique-nique, leer en un banco de la calle, caminar durante horas por Montmartre. Todo llegará, y de momento ya has llegado tu, que ahora te rascas la barba con el semblante serio, a saber, estarás buscando las palabras para describir esta ciudad. Y es que la belleza mayúscula suele ser fría e inhóspita, aunque nos guste contemplarla, ¡que agradable es la hospitalaria imperfección! Cierra tu libreta, anda, que te llevo a dar un paseo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Querida Lara:

Te felicito. Veo que has encontrado tu tienda, tu calle y, según parece, hasta tu música. Yo pienso que, en casos como este, uno siempre tiene que hacerse con algo suyo, aunque no se tenga título de posesión. Sería algo así como una usurpación, pero honrada.

No te apropies, eso sí, te lo pido por favor, de los días de nubes grises y lluvia protestona. Esos déjaselos a los parisinos de pura cepa, que míralos qué estirados que se han quedado, como una planta a la que se ha regado demasiado, pero a la que se le han hurtado los susurros amorosos de su cuidador.

Ahora que sales a dar un paseo, díselo a ellos, a los parisinos, de mi parte: 'a mí no me hacen falta ventanas, que yo traigo conmigo toda la alegría y la luz del mediterráneo'. Díselo, si puedes, a voz en grito. Y, mientras tanto, que Joan les haga un buen par de cortes de mangas. ¡A ver qué se han pensado estos!

Eso sí, malgré tout, todo hecho con el mejor savoir-faire barcelonés.

Lo dicho, mis mayores felicitaciones.

Un fuerte abrazo,

josé